El Blog de Pecarí

miércoles, noviembre 22, 2006

La soltería: ay mamacita, tengo miedo!

En el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, existe la siguiente definición:
soltero, ra.
Del lat. solitarĭus.
1. adj. Que no está casado. U.t.c.s.
2. adj.p.us. Suelto o libre.

Bueno, pues ya la cosa desde el principio se amoló. El hecho de que una definición inicie con un "no" es iniciar con una negación. Una negación que se carga al nacer y uno no se cura de esta negación hasta que no se casa. Entonces, ¿el estatus de "casado" viene siendo el estado ideal?

Este pensamiento hace a Pecarí remontarse a sus años de tierna infancia y recuerda las películas de "La Bella Durmiente", "Blancanieves", "Cenicienta" y otras similares de terror. En todas estas películas, se ve al maravilloso y azul príncipe (quien sólo en las películas cuenta con castillo y servidumbre) salvar a la esbelta doncella llena de gracia de dragones, brujas y cualquier otro personaje según ellos inhóspito. Pero ahora que lo piensa, el príncipe en realidad salvó a la futura reina de la más espantosa de las criaturas posibles: la tan infame y terrible soltería. Es entonces al final frente al altar que la bella princesa se cura realmente de sus males y por fin es feliz por toda la “eternidá”. Pero la cosa es que esta creencia no se queda en los cuentos de hadas. Por todos lados se escucha esa negación que se vuelve “negatividad” respecto a la soltería.

Entonces, si uno no puede conseguir pareja, y peor aún, si uno no se puede casar, uno se vuelve como la manzana venenosa del cuento, el dragón de aliento de fuego, o la bruja fea que no quiere que nadie sea feliz.
No por algo El Jefe le regaló a Pecarí un cuadrito donde se aprecia a un San Antonio pintado a propósito de cabeza para ver si así "ya por fin sale", y es que Pecarí no sale ni en rifa. Triste pero cierto.

Continuando con la definición, "suelto" pues viene siendo lo mismo para lo anterior, hay que correr porque sino, a uno lo alcanzan. Se insiste una y otra vez en que la soltería viene siendo como una enferemedad que hay que curar.

Y finalmente viene "libre". A otro perro con ese hueso. Pecarí ya no les cree nada!
¡Pecarí tiene miedo!

Estimadísimo lector, ¿cuánto miedo tiene usted?

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